Uno de los tratamientos odontológicos cuya demanda más ha aumentado en las clínicas dentales durante los últimos años es la ortodoncia.

La ortodoncia es una de las múltiples áreas profesionales de la odontología. Se dedica al estudio, prevención y corrección de las alteraciones en la posición de las piezas dentales y sus tejidos circundantes, así como de las deformaciones del hueso maxilar y de la mandíbula.

El trabajo del ortodoncista tiene un objetivo doble: por una parte, recuperar la correcta funcionalidad de una dentición afectada por la maloclusión y los problemas de salud derivados de la misma; y, por otra, hacer que el paciente luzca una sonrisa mucho más estética.

¿A qué edad debe empezarse un tratamiento de ortodoncia?

Existen distintos tratamientos dependiendo de las necesidades de cada paciente. Éstas varían a lo largo de nuestra vida, acorde a los cambios experimentados en el complejo dentoalveolar.

Los expertos recomiendan acudir al ortodoncista en torno a los seis años de edad, cuando empiezan a erupcionar los primeros molares definitivos.

Las posibles funciones de la ortodoncia son:

  • Prevención: se lleva a cabo para eliminar hábitos anómalos durante la etapa de la dentición temporal.
  • Intercepción: está orientado a mejorar el tamaño y disposición de los huesos maxilares, así como a facilitar la aparición adecuada de la dentición adulta.
  • Corrección: está indicada una vez han salido los dientes definitivos y ya existe una maloclusión consolidada.

Beneficios de llevar ortodoncia

  • Sonrisa más estética: la incorrecta alineación de las piezas dentales es una de las mayores preocupaciones de los pacientes que acuden a las clínicas por cuestiones relacionadas con la estética. Una sonrisa bien alineada no sólo es más atractiva, si no también más saludable.
  • Funcionalidad: la ortodoncia es el tratamiento indicado para solucionar problemas relacionados con la oclusión dental (los huesos maxilares) y determinadas patologías de la articulación temporomandibular.
  • Mejor higiene dental: la malposición de los dientes dificulta su limpieza completa. Así, el sarro acumulado en las zonas donde el cepillo dental no logra acceder puede provocar la aparición de caries y enfermedades de las encías.